Desarrollo y crecimiento infantil

La gestión de los límites en la crianza respetuosa

En mi opinión, los límites son la herramienta más potente que tenemos en nuestras manos para favorecer el correcto desarrollo intregral de nuestras criaturas. Una herramienta tan potente que la falta de estos puede desencadenar comportamientos y actitudes en las que se pueden observar carencias y dificultades, entre otros, emocionales y conductuales. En la crianza respetuosa, aunque muchos/as no lo sepan (o no lo quieran saber), hay límites, hay normas de convivencia y hay situaciones en las que, bajo el criterio del adulto, deben regularse por diferentes razones. En este artículo de Bebés y Crianza, la gestión de los límites en la crianza respetuosa, te voy a ofrecer unas herramientas para entender la importancia de los límites y cómo podemos gestionarlos de una forma respetuosa y consciente.

Procesos internos: las membranas exterior, emocional y cognitiva

Siempre me ha atraído mucho el mundo de cómo acompañar los límites y las emociones así que, para profundizar un poco más con el tema, me compré el libro de Rebeca Wild «Libertad y límites, amor y respeto». Más adelante, podréis leer un par de citas que he extraído de su libro.

Para empezar, me gustaría explicaros un aspecto que no me había parado a pensar y que resulta de gran importancia. En el principio del libro, R.W hace referencia a «3 membranas» que debemos poseer en buen estado, para tener una vida sana y plena:

  • Exterior (piel)
  • Emocional
  • Cognitiva

Este tipo de membranas, se asemejan a las membranas que recubren cada órgano de nuestro cuerpo individualmente. Si alguna se daña, el órgano al que protege queda dañado.

Hace referencia a ellas, para reflexionar sobre cómo es de complicado respetar las membranas emocional y cognitiva de los demás cuando son invisibles, y de lo que pueden afectar si, con nuestras acciones, las dañamos… De esta forma, visualizando estas membranas, de forma imaginaria, nos será más fácil respetar a la infancia (y a los demás adultos) y poner límites como forma de cuidado.

Autoridad vs autoritarismo

Las personas que somos responsables de acompañar el desarrollo de una (o más) criatura (s), ya seamos padres o profesionales del sector, debemos tener cierta autoridad para poder poner límites. Autoridad se tiende a confundir con autoritarismo, y no tienen nada que ver, te lo explico:

  • La autoridad no se impone, es decir, es algo gradual y que se tiene que trabajar día a día con ejemplo, cuidando lo que decimos, cómo lo decimos, cómo nos relacionamos con el infante, etc. Es un concepto directamente relacionado con la confianza, ya que si no hay confianza no habrá autoridad. Además, como adultos, tenemos esta autoridad porqué decidimos lo que creemos mejor para ellos y ellas, y así lo argumentamos: «no puedes cruzar la calle porque pasan coches».
  • El autoritarismo se impone, se verbaliza de una forma agresiva y poco empática. Normalmente, los argumentos de las personas con una educación basada en el autoritarismo suelen decir frases como «porque lo digo yo», «yo mando», «porque sí». Además, se usa el chantaje, las amenazas y los castigos para conseguir, de forma rápida, eso que se desea: «si no te comes todo el plato no vas al parque» ¿Qué relación tiene comer con ir al parque»? Ninguna.

Los límites, el amor y el afecto

El amor no puede usarse como un límite, es una necesidad básica. Rebeca Wild, en su libro “Libertad y límites, amor y respeto” hace referencia a este párrafo:

“En todo caso, lo que sí es seguro es que el amor, como fuerza original de la vida, no puede estar delimitado. Siempre tiene que estar a disposición, y siempre debe ser cumplida en primer lugar. Solo en el amor podemos crecer sin correr el riesgo de dar o de recibir demasiado”.

Rebeca Wild – Libertad y límites, amor y respeto

Me parece brutal esta descripción ¿A vosotros no?

Por cierto, no existe la posibilidad de malcriar por dar mucho amor. Se malcría por “criar mal”, en mi opinión, por no poner límites, no por querer demasiado. Muchas veces, se cae en el error de confundir la imposición de los límites con «fallar» o «querer menos». Algo así como: ¿cómo puedo poner límites, por su bien, a alguien que quiero? ¿Pensará que le estoy fallando y me querrá menos? ¿Pensará que, como le pongo límites, no le quiero? Por eso, hay familias que lo permiten todo y, por ejemplo, compran muchos juguetes a la criatura, según ellos, para desmostrar mucho amor. Recordad que el amor no se mide por los objetos/juguetes que le compremos a alguien.

La alimentación y los límites

Al igual que con el amor, la alimentación no puede usarse como un límite, ya que es una necesidad básica: se pueden poner límites dentro del momento del comer, como, por ejemplo establecer que puede caer comida al suelo pero no tirarla a consciencia, aunque nunca poner un límite tipo «no recoges, hoy no hay postre o no comes».

Lo que sí que puede ser un límite dentro del momento de comer es decirle al bebé/niño/a que si no tiene hambre para comer, que ya comerá para merendar, aunque no hacerle macarrones si no ha querido verdura (bajo mi punto de vista). Si cada día que no le gusta un plato le hacemos otro a su gusto, pensará que está en un restaurante y no se adaptará nunca a lo que haya.

En este punto es interesante tener en cuenta que como más saludable y variada sea la alimentación que le hemos ofrecido al bebé, desde el principio, menos «peleas» habrá en relación al menú en un futuro. Es decir, si siempre se le ha ofrecido verdura y fruta de forma natural, cuando tenga 4 años puede que no le guste un tipo de verdura o fruta, aunque la mayoría sí. No lo verá como algo que le introducimos de golpe después de pasarse 3 años comiendo macarrones con tomate frito y pollo rebozado. No hay tips para introducir la fruta y la verdura, ya que se tiene que hacer de forma natural, desde los 6 meses, como todos los otros ingredientes.

Si, desde bebé, la criatura no ha comido alimentos variados, puede que, en un futuro, se tenga que llegar a más acuerdos, poner más límites y cueste más trabajo el tema de la alimentación. Aunque nada es imposible.

Límites y autonomía

Rebeca Wild, también explica en su libro, y resumo, que los niños que tienen amor, aprecio y atención de una forma completa son más autónomos, ya que no necesitan estar, constantemente, «comprobando» que no «son abandonados» con constantes llamadas de atención. Están inmersos en sus proyectos de acción porque saben que se les quiere de una forma incondicional, sin limitaciones o condiciones.

¿Os suena esta situación? Niños que pasan muchas horas en la escuela y que necesitan un contacto continuo con un adulto de referencia que no sean sus padres. Ahí está, necesitan ese contacto seguro con una persona que sepan del cierto que les puede dar ese amor y esa atención que les falta. Se sienten inseguros.

6 consejos para poner límites de forma respetuosa y asertiva

Tener en cuenta la forma en la que ponemos el límite

En primer lugar, en la gestión de los límites en crianza respetuosa es crucial y súper importante tener en cuenta la forma en la que se establece. La recepción y la interpretación de la información va a depender de cómo hayamos emitido el mensaje. En este artículo, te explico cómo sustituir el «no» con ejemplos prácticos.

Por ejemplo: no es lo mismo que la criatura interrumpa en medio de una conversación y que la persona conteste: “¡j*der con la niña, cállate que estoy hablando. Bfffff… siempre igual, te voy a dar en el culo al final!” que ponerse a su altura y decirle: “amorsito, estoy hablando con una compañera, cuando termine me cuentas esto tan interesante”.

Establecer límites adecuados al momento evolutivo

Es importante tener en cuenta que los límites que vayamos a poner estén adecuados al momento evolutivo del bebé. No es lo mismo pedirle a un bebé de 6 meses que no toque un tarro de cristal, que a un bebé de dos años y medio. A lo mejor, si le tenemos mucho aprecio, vale la pena retirarlo hasta que el bebé sea un poco más más mayor, y luego poner el límite. O no, y jugársela.

Desde mi experiencia, he podido ver que no siempre se tienen que quitar todos los elementos “rompibles» o peligrosos de la vista del bebé. Por ejemplo, que no hace falta poner barandillas en las escaleras si desde que empieza a gatear le decimos que, hasta que sepa andar, bajará con papá/mamá/abuela/etc, que él aún no puede.

También os digo que esto no funciona con todos los bebés. Los hay más prudentes, más temerarios, más exploradores…. Dependerá muchísimo de cada caso en particular. La teoría es una y la práctica otra.

Intentar controlar los impulsos de adulto

Este punto va por mi (jeje), que a la mínima que percibo un peligro, por muy insípido que sea, me saltan las alarmas. Los bebés, niños y niñas tienen que poder saber reaccionar ante un peligro/situación difícil de forma autónoma.

Obviamente, no dejaremos que se caigan por la ventana o les atropelle un coche, aunque sí que se caigan de culo, por ejemplo. Un bebé necesita desarrollar su equilibrio y aunque se tambalee un poco al dar sus primeros pasosno le pondremos una armadura ¿no? Es genial que vaya viendo como funciona la movilidad y el equilibrio de su cuerpo en determinadas posiciones.

Los impulsos no solo los podemos controlar ante los peligros sino también antes de anticiparnos a un proyecto de acción del bebé/niño/a. Lo típico: están intentando atarse un botón y vamos nosotros y les terminamos la faena…Te contesta: ¡YO SOLO/A!, y es que tiene razón.. jiji.

Poner el límite antes de perder la paciencia

Si hay algún aspecto que debamos limitar, es recomendable hacerlo desde la raíz, desde el primer momento. Con firmeza y seguridad si así lo creemos necesario. Va a ser mucho más fácil poner un límite con serenidad, naturalidad y afecto si aún no hemos traspasado ese límite que nos hace estallar.

Por ejemplo: desde mi forma de acompañar, la comida se puede caer en el suelo por accidente, aunque no la podemos tirar. En vez de estar callada viendo cómo el bebé/niño/a tira comida en el suelo, la primera vez que lo hace le digo “si no quieres más, lo puedes dejar en el plato, pero no lo tires al el suelo”.

Por otro lado, debemos desvincular la palabra «límite» con «regañar». Un límite no tiene porque ser en un tono desagradable ni provocar una situación desagradable.

Confiar en uno/a mismo/a para establecer límites

Si, como adulto, crees que el límite que has verbalizado es necesario, debes confiar en tu criterio. Los bebés, niños y niñas, como hemos dicho antes, necesitan autoridad y alguien con experiencia que les aconseje.

Por otro lado, el límite, una vez se ha establecido, es importante que siga adelante, ya que, si no, otro día, puede que no tenga efectividad. Si este patrón se repite, puede que perdamos la confianza de la criatura y no sirvan de nada nuestros intentos de limitación.

Por ejemplo, si le digo a mi hija de 2 años: » No quiero que toques los enchufes» y, seguidamente, la dejo ahí tocándolos, durante 20 minutos, sin cogerla en brazos y decirle que es peligroso, la próxima vez no me hará ni caso. Si no quiero que toque los enchufes y no deja de hacerlo, lo siguiente es cogerla en brazos para que no corra peligro. Igual que si le decimos que no corra por la calle que pasan muchos coches. Si no deja de hacerlo, también tendremos que cogerla. Es nuestro deber brindar por su seguridad.

«No debemos disculparnos si partimos de la base de que también en la realidad exterior debe haber límites para nosotros cuyo objeto es que podamos sentir cierto “orden”. De este modo, no nos sentimos delimitados por las paredes de nuestra casa, más bien al contrario, nos aportan un sentimiento de seguridad y de recogimiento. Si realmente nos metemos en la piel de los niños y comprendemos sus necesidades, pronto descubriremos que para sentirse bien necesitan unas limitaciones muy claras».

Rebeca Wild – Libertad y límites, amor y respeto

Validar la emoción provocada por el límite

Para finalizar con la gestión de los límites en la crianza respetuosa, me gusta repetir/me una y mil veces, si hace falta, que “no dictamos y ellos obedecen”. Esto no es un rebaño de ovejas a las cuales les queremos hacer entrar todas ¡YA! en el corral. Tratamos con “material altamente sensible” y en continuo desarrollo.

Los límites en la crianza respetuosa son necesarios, aunque, para la buena aceptación de estos, es recomendable acoger las emociones que se desencadenen. Imaginaros la frustración que deben sentir los pequeños/as si, además de ponerles un límite que les duele, su enfado es menospreciado «deja de llorar a la de 1… a la de 2… a la de 3…. Me enfado, ¿Eh?».

A mi me gusta mucho decir frases como esta: “entiendo que te enfades y que llores, pero no te puedo dejar correr hacia la carretera”. Verbalizarles que entendemos su reacción, hace un poco mas amena la situación.  

Recomiendo, muchísimo, que os leáis el libro del que llevo hablando todo el artículo. Es completo y muy necesario. Os dejo el link aquí.

Espero que os haya gustado mucho este artículo y que os sirva de ayuda para gestionar los límites en la crianza respetuosa 🙂

Un abrazo, Júlia.

Soy Júlia Ortiz Palet, tengo 25 años y soy educadora infantil por vocación. Me considero una apasionada del mundo del 0-3. Actualmente, soy madre de día de profesión y madre de Guillem. Además, hace 8 años que imparto talleres de sensibilización musical infantil(3-6 años). Tengo 10 años de experiencia acompañando a bebés y a sus familias, con mi respectivo cambio, crecimiento y continua formación. Confío en el poder de cambiar la mirada respecto a la infancia, viéndola potencialmente activa en el mundo. Además, defiendo la crianza respetuosa con apego como forma de acompañar y el juego como una necesidad básica de la infancia. Estoy formada, con Romina de Teta-a-Porter en pedagogía Pikler, movimiento y juego libre. También en crianza respetuosa, educación viva y porteo ergonómico. Deseo que te guste lo que comparto en Bebés y Crianza. Mi correo de contacto es juliaortiz1996@gmail.com.

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